Y por fin… ¡comencé el proceso!

¡¿Quién me había de decir a mí hace dos años que estaríamos en las listas de pacientes de FIV!? Esas son cosas que les ocurren a las otras personas hasta que… ¡nos ha pasado a nosotros!

He tardado dos años en aceptarlo, DOS AÑOS. Para mí era muy complicado VISUALIZARME hormonándome, meterme en un quirófano y medicalizar todo un proceso que la mayoría de mis amigas/conocidas habían experimentado gratuita y placenteramente. Sin embargo y gracias a la naturaleza, nuestro cerebro es plástico y se adapta -poco a poco- a las turbulencias de la vida.

Así que un día me dije… a ver, ¿es esto lo que nos ha tocado? ¡Pues adelante! Seguir pensando en lo que pudo ser me hace demasiado daño. Bueno. Así de fácil no es, hay días de todo (solo hay que leerse mi último post).

Pero es que ahora estoy en plan Amazona, guerrera, luchadora, optimista y amorosa: ¡VOY A POR TODAS! Y sé que me la puedo meter, bien gorda. Lo sé. También sé que ando hormonada (hoy hace cinco días que me pinché, ejem, me pincharon, el Elonva de 150), aunque de momento va todo tan bien que hasta me da miedo. No siento incomodidades ni cambios de humor ni nada. Esta noche me toca mi primer Orgalutran (que me tiene acojonada por ese famoso “escozor del diablo” que algunas leyendas cuentan) y sé que este complejo equilibrio se puede desmoronar en cualquier momento y arrancar a llorar o reír por la menor de las minucias. La teoría la tengo para diez, pero no me quiero centrar en exceso en lo mental. La mantengo ahí al fondo del cerebro por si hubiera que tirar de ella en algún momento.

Mañana por la noche me toca un segundo pinchazo orgalutraniano y el viernes mañana ¡oh dioses del olimpo! mi primera ecografía. La veo como una espiral de felicidad que se eleva al cielo con virutas de colores o como un torbellino oscuro de fondos insondables, ¿Cuántos huevecitos habrá por ahí? De momento, no consigo asomarme a ese instante en que se encienda el ecógrafo. Un día de cada vez está bien para mí. Pequeños triunfos me mantienen en la cordura.

Transito entre la ilusión y el optimismo, y el miedo y la colleja. La ilusión de verme embarazada para el 2017, de vivir esta experiencia POR FIN, de compartirla con mi compañero de viaje y de poder decir los dos ¡¡¡SÍ A LA VIDA!!! con los brazos abiertos y una sonrisa que no quepa en nuestras caras… y me veo también, una señora de brazos cruzados y dedo amenazante que dice: “nena no te flipes, que esto puede no salir”. ¿Y cómo no escucharla a ratos? ¡Si sé que tiene razón! Pues lo hago, algún ratillo la escucho, pero poco, la verdad. Prefiero sentirme gallina clueca y ponedora; incubadora andante también.¡ Y me encanta! Saberme portadora de huevos que crecen cada día en mí me apasiona, me produce orgullo, calorcito y responsabilidad de la buena.

Para terminar, quiero agradecer a 4 personas que me están haciendo el viaje más llevadero y reconfortante.

Marian Cisterna y Eva María Bernal, desde sus blogs, vídeos, redes sociales, etc. se han convertido en mis madrinas iniciáticas hacia la rotura de tabúes de la infertilidad. Simplemente estupendas. Me han abierto los ojos a un nuevo mundo y me he sentido, por fin, entendida. GRACIAS.

Mi amiga M., aunque ella no sepa recibir halagos : )  (todavía), tiene madera de la buena, de escuchadora del alma, de compañera amorosa y generosa, de humorista mordaz que me hace partir de la risa. Tu compañía mejora mi vida. GRACIAS.

Mi compañero del alma. Sé que muchas relaciones se ponen en jaque en estos procesos (lo entiendo perfectamente) porque no es nada fácil estar aquí. En nuestro caso, a pesar de pasarlas canutas en muchos aspectos de este viaje, nos apoyamos y comprendemos cada una de las veces. Pienso que estamos un poco en pañales en esta primera FIV pero ahí estamos, ahí estás. SIEMPRE. No le quiero poner palabras a cómo estás en todo esto porque lo desmerecería. Me quito el sombrero, me callo y te admiro. MUCHÍSIMAS GRACIAS. TE QUIERO (AÚN MÁS).

Hasta la ecografía me despido y aprovecho para decir que el Orgalutran no fue ni para un cuarto de lo que imaginé.

¡Mare de déu Senyó!

 

Mi no-yo

Y me perdí en el proceso. Perdí el rumbo de mi brújula laboral, de pareja, con las amigas, con la familia, pero sobre todo, conmigo misma.

Un fino muro de piedra envuelve mi corazón; y es que ni siento, ni padezco.

Han pasado casi dos años desde que ÉL y yo comenzamos la búsqueda. Comenzó como una travesura dejando atrás el preservativo entre risas y un”como pase… ¡nos morimos! jijijij” a “¿Por qué coño no nos pasa?”.

Esto es duro señores, es la lección más grande que estoy teniendo hasta ahora en mi vida en tolerancia a la frustración y volver a comenzar de forma cíclica e infinita. Una especie de frialdad se ha apoderado de mí; una neutralidad sosa y descafeinada me acompaña allá donde vaya, sea lo que sea que esté viviendo. En algunos momentos, antes del verano, he sentido que me acercaba peligrosamente a la TRISTEZA, así en mayúsculas.

Laboralmente hablando, hace dos años tenía proyectos. De ámbitos diversos (como buena géminis). Actualmente, lo único que me interesa es “hacer dinero” de la manera que sea para poder pagar una FIV que se presenta cercana a los 7000 euros. Cuestionarme ¿hacia dónde voy a nivel profesional? nunca ha estado más lejos de mis intereses.

Con ÉL, las cosas se han puesto muy complicadas. Solo quien pasa por esto sabe cómo llega a afectar a una pareja que el no-resultado del sexo entre ambos sea la fuente de sus dolores de cabeza, sus tristezas y sus decepciones mes tras mes. Percibimos cierta distancia entre nosotros pasados ya dos años, cada uno tratando de mejorar(se) como pueda o se le ocurra. No somos siameses, y a veces a uno le da por hipermotivarse en el momento justo en que el otro solo quiere salir de fiesta y mandarlo todo a paseo. Las asincronías también se sufren. Se llega a temer el momento romance porque tienes la experiencia de que eso tiene que llevar a las relaciones sí o sí para conseguir a tu bebé y sabes que tienes muchos números de que este mes tampoco suceda nada. Imagino que para quien haya sido afortunad@ de no pasar por todo ello, esto suene a ciencia-ficción.

Sin embargo, ÉL es una persona a-lu-ci-nan-te. Capaz de caer y volverse a levantar y a levantarme a mí una y otra y otra; la mayoría de las veces incluso con una sonrisa. Me da justo lo que necesito y es capaz de recular, rectificar, reflexionar y corregir: para mí, la más grande de las sabidurías. Me acompaña y se compromete de una manera que me flipa todavía hoy. Me siento la mujer más afortunada del mundo junto a ÉL y sé que saldremos de esta de una manera o de otra. Me queda claro que su compañía en esta vida ya es el regalo. Sin embargo, me da rabia pensar que un padre tan maravilloso pudiera quedarse sin su bebé. No sería justo. Aunque ya voy aprendiendo que la vida justa no es.

Las amigas… ¡pobrecicas mías! La mayoría están o embarazadas o pariendo o ya han parido y están abducidas por sus churumbeles. A mí me resulta muy pesado acompañarlas en este tramo. Supongo que os imaginaréis porqué. Muchas veces, simplemente no me apetece tener en la cara aquello de lo que yo no puedo disfrutar. Aún no es ese mi mundo.  Además de que muchas de ellas se empeñan en darme consejos, pedirme que me relaje y clásicos varios que son absolutamente imposibles de cumplir y de escuchar con paciencia a estas alturas de la película. Entiendo que todo ello viene de su no querer verme mal. Pero es que estoy mal. Es lo obvio. Me encantaría que se me permitiera quejarme sin tener que hacer nada al respecto.

Por contra, las echo a ellas (como mujeres, colegas) muchísimo de menos. No pueden estar ahora por mi labor; a ratitos solo. Yo las echo mucho de menos pero entiendo que a mí me pasará igual.

En cuanto a mi familia, se posicionan en una especie de distancia-frialdad que no comprendo y ahora me da pereza analizar. Imagino que esto sea preocupación y no querer agobiarme. Me he visto a veces contando detalles del proceso y ell@s cambiando de tema a los cinco minutos o diciéndome cómo me tengo y no me tengo que sentir; me quedo entonces con la necesidad de hablarlo más y la frustración de no ser escuchada, ni entendida. Así que hoy por hoy, les doy la información con cuentagotas. Sé que me adoran (como yo a ell@s) y que serán inmensamente felices si la FIV de diciembre tiene éxito, pero yo estoy demasiado agotada emocionalmente para tratar de ver el porqué de esa distancia.

A mí… a mí se me ha agriado el carácter. Lo noto en la paciencia. No tengo. Ni con mis perros, ni con mis alumnos, ni con mis padres, ni con mis amigas, ni con ÉL. Me veo enervándome con facilidad, me veo poniendo los ojos en blanco o juzgando a diestro y a siniestro cuando paseo por la calle. Me veo, en ocasiones, con ganas de guerra, ¡de sangre!. Imagino que estoy enfadada, muy enfadada. Lo imagino porque permitírmelo no me lo permito.

Cuando releo todo esto me doy cuenta de la losa que es, de que cuesta seguir adelante como si nada estuviese ocurriendo.

No quiero darle un final happy flower a esto ya que trato de que esté lo más en coherencia conmigo posible; lo que sí diré es que diciembre cada vez está más cerca. Que me aterran los pinchazos y los quirófanos y las reacciones que pueda tener mi cuerpo; pero la sola idea de verme embarazada con un mix de nosotros dos implantándose en mi útero me hace llorar de emoción. Sé que sería divertido, duro y maravilloso. Y, sobre todo, un nuevo capítulo que ya hace dos años que queremos comenzar a escribir.

To be continued I hope…

 

 

 

 

He vuelto…

Hoy hace exactamente once meses que escribía mi última entrada del blog… ¡casi un año! ¡Madre mía!

Yo, que tenía la intención de ir haciendo un seguimiento de mí misma a lo largo del proceso y de la búsqueda, me encontré con pocas ganas de ir contando los negativos y más negativos que iba obteniendo a lo largo de este casi año. Al principio intenté medio-obligarme a escribir (yo, ¡tan disciplinada!) pero luego me di cuenta de que no quería y me lo respeté. Y eso que había mucho que contar… han pasado muuuuchas cosas.

Revisando el blog ahora pienso de mí misma: ¡qué poca paciencia! Empecé en marzo y lo dejé… ¡en abril! ¡Qué poco yo misma! ¡Con lo tenaz y perseverante que soy!

Bueno, la verdad es que en abril era ya el cuarto negativo, y esa cosa que empezó como un… “vamos a probar”, se acabó convirtiendo en algo desesperante a ratos y frustrante a otros.

Lo que os pasa a muchas, pensé que me quedaría embarazada a la primera e incluso me acongojaba un poco la idea porque lo habíamos decidido en una no-decisión. Luego nos fuimos dando cuenta de que para nosotros dos, la cosa no iba a ser tan fácil. Y pasados cuatro o cinco meses empezamos a desesperar: ¿tendremos algún problema? ¿no lo estamos haciendo bien? Y empezamos a quererlo cada vez más conscientemente. Pienso que de ahí vinieron un mayor dolor a cada negativo y menores ganas de reportarlo por aquí.

Y las preguntas se han ido sucediendo, mezcladas con esos comentarios tan bienintecionados pero tan poco empáticos del tipo: “es que tienes que relajarte”.

En estos meses hemos tratado de relajarnos, nos hemos dado parones en verano (que luego no resultaron ser tales porque nos sabía mal dejar pasar un ciclo, sobre todo a mí), hemos forzado relaciones sin tener ganas (resultando pues, en peleas) porque ese era el día D, nos hemos dado los seis meses preceptivos por mi edad y aún seis más; ambos hemos hecho acupuntura, hemos ido al naturópata, hemos cambiado radicalmente nuestra forma de comer, mi pareja se ha convertido en una cobaya humana donde auto-testar todo producto natural/químico que se precie; también se ha hecho alguna que otra prueba para ver que estaba medio-regularcillo, hemos meditado, he practicado todos los métodos (la temperatura basal y la observación del moco cervical, los tests de ovulación), hemos tratado de desistir y nos hemos vuelto a ilusionar y, por fin, hemos visitado dos clínicas de fertilidad.

Con la última de ellas, desde hace un par de meses, hemos hecho todo un ciclo de pruebas de las que ya tenemos una primera parte de sus resultados. Al parecer, mi pareja sigue medio-regularcillo y mi reserva ovárica apunta maneras de ser baja. Todo esto será confirmado entre esta semana y la próxima.

De momento, a la espera estamos (¡oooootra vez!) de más resultados y del día 28 de mi ciclo resultante en ¿?

Esto es duro, frustrante y muchas veces tenemos la tentación de preguntarnos “¿por qué nosotros no?”

Concretamente yo, me he pasado este par de meses pensando en por qué narices tenía que entrar a un quirófano para hacer algo que muchos hacen gratis y de manera infinitamente menos traumática y más divertida. Todo esto al tiempo que otras parejas a nuestro alrededor embarazan y paren como quien se toma un café. Que síiiii, que no hay que compararse con los demáaaas pero mira, yo lo hago : )

Luego, cuando supe que yo tampoco andaba muy fina y gracias a la ayuda de mi brujita M., algo hizo click en mí y empecé a sentir que, si así tenía que ser, pues que fuera. No me beneficia en nada el “¿por qué a mí?”

Así que ahora ando en la no-resistencia: si tengo que entrar en un quirófano, entraré.

Me sigue acompañando infinito el hecho de leer a mis con-bloggers con sus experiencias y reflexiones. Me calma y me anima. Recientemente he visto que en este año sin escribir ¡más de 600 personas han echado una ojeada a este sitio! No sé qué ha pasado, pero eso me ha vuelto a animar a escribir: qué poderoso eso de sentirse acompañada.

GRACIAS.

 

Blanco más blanco no hay (TE negativo)

Test_embarazo_negativo

Día 27 de mi ciclo.

Tras lecturas y más lecturas y una progresión dudosa en los tests de ovulación, no aguanto más y con la primera orina de la mañana me hago un test de alta sensibilidad (Liberty Test, de 10 unidades). Estoy de los nervios porque llevo varios días con un montón de psicosíntomas: que si pequeñas molestias en los ovarios y lumbares, que si un pinchazo, que si dolor en el pecho y granitos en las aureolas, que si dolor de cabeza, ¡lo tengo todo!

Vuelvo a la cama y espero más de diez minutos porque ya se sabe que los embarazos tempranos tardan más en salir a la luz debido a la bajita concentración de hcg. Se me remueve el estómago y hasta pienso que me voy a marear de tanto nervio: “lo hemos hecho bien, lo hemos hecho bien” me repito como un mantra.

Me dirijo mediotambaleante al baño y… otra puñetera vez aquello del ¡blanco nuclear! Lo pongo debajo de la bombilla del espejo del baño, me acerco a la ventana a ver si con la luz natural… nada de nada.

Decido volver a la cama y esperar más. Cuántas veces he leído aquello de y cuando estaba a punto de tirarlo, me lo vuelvo a mirar y sale una rayita muy tenue. Pero a mí no me ha pasado. Le escribo a mi pareja al trabajo y se lo digo y al fin, me echo a llorar.

Ya sé, ya sé… es muy pronto, llevamos poco tiempo intentándolo, así no vamos a ningún lado, hay que ser optimista y estar relajada y bla bla bla. A mí hoy todo ese sonsonete no me vale. Pensaba que estaba embarazada. De hecho, pasado un poco el disgusto con ayuda de mis perrillos que necesitaban salir a la calle por muy “depre” que su dueña esté, me he recuperado un poco, y he reflexionado sobre todo lo que ya sé a cerca de los procesos de concepción.

¿Y si mi implantación es de esas tardías (yo siempre he ido tarde en todo lo emocional en mi vida) que no se cierra hasta el 12º día? Hoy es ese día. Tal vez no se ha comenzado a liberar aún la hcg en mi cuerpo y repitiendo el test en 48 horas sí dé positivo.

¿Y si la ovulación se produjo 48 horas después del positivo y no 24 como a mí me da por pensar y aún es pronto para medirlo?

Y aún más. ¿Pero por qué no me esperaré a la falta y punto? Maldita aquella que viva pendiente de los ¿y si…?  Y me temo que yo soy una de ellas. No soy particularmente optimista, sin embargo en esto, me cuesta no aferrarme a la esperanza hasta que no me baje la regla.

Hoy hace un día de perros y en el trabajo me espera una entrevista muy dura también. Todo me da igual. Yo quiero un positivo y a mi bebé.

Buffffff ¡Seguimos!

¿Los tests de ovulación positivos pueden adelantar embarazo?

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Pues al parecer sí. Pero ¡tranquilidad! No lo sé por mí. Ahora me explico…

Dentro de cuatro días me tiene que bajar la regla. Mis ciclos son de 28 días y me hallo en el día 25; así que os podéis hacer a la idea de que la espera empieza a hacerse cada vez más y más incómoda. Y como viene ocurriéndome, la primera semana de las famosas Two Week Wait (ya sabéis que mis queridos yankis le ponen un nombre a todo) se hace llevadera pero la segunda… ¡ay la segunda! Empieza la búsqueda incansable por internet de preguntas de las cuales ya sé la respuesta pero por  si acaso ha cambiado algo mejor no perdérselo.

Pues bien, resulta ser que una de las preguntas más comunes es esta: si los tests de ovulación positivos cercanos a la fecha de la regla/falta pueden marcar que hay embarazo. Al parecer, la comunidad médica no lo tiene nada claro (aunque no lo niega) y por si las moscas se remiten una y otra vez al test de embarazo clásico para conocer si lo hay o no.

La comunidad mamil, más motivada y muy buscadora por lo que vengo viendo, prefiere experimentarlo en sus propias carnes y luego contarlo en el mundo 2.0. De ahí que yo haya visto que en muchísimos casos la respuesta es positiva. Las que ya han conseguido su positivo por la vía conocida, exponen las fotos de cómo los tests de ovulación también sacan su segunda línea de lo más marcada. Eso ocurre porque parece que la hormona que buscamos en la orina para saber cuándo ovulamos y la que buscamos para saber si estamos embarazadas son muuuuuy parecidas. Y por diferentes razones moleculares que explica a la perfección Mamá(contra)Corriente  en su post donde habla sobre este tema (no os perdáis el comentario de una docotoranda en su lista de comentarios), en muchas ocasiones (¡ojo! que no siempre) ambos tipos de tests serían válidos. A recordar que en los de embarazo (y siempre hablo de los de tiras como en los de la imagen que he puesto) una tenue rayita significa positivo cuando en los de ovulación, para considerarlos como tales, la segunda raya tiene que salir súpermarcada.

Dicho todo esto, como dispongo de tiempo, tests de ovulación que me sobraron y muy poca paciencia, he decidido experimentar conmigo misma y de paso veo qué es lo que pasa por ahí dentro.

Como se puede ver en la imagen, en este ciclo hice toda la progresión habitual para ver cuándo ovulaba y por tanto cuándo tener relaciones hasta el día 17 en que la rayita desapareció. Entonces, una semana después vuelvo a ponerme a ello y me doy cuenta (no sé si se aprecia en la imagen, al vivo sí) de que entre un día y el siguiente la rayita se marca más (…). Por ahí he visto que la progresión ascendente podría significar algo. Yo no me preocupo mucho de eso; me quedan dos tests: me los haré hoy y tal vez pasado mañana para ver si continúa la progresión y conocer más a mi cuerpo.

Me pasaré por aquí a explicarlo, evidentemente.

Estoy un poco nerviosa, esperanzada y a la vez autocontrolándome por si… Mi pareja evita un poco el tema para no hacerse ilusiones. Sin embargo ya le conozco y como ambos pensamos que en este ciclo lo hemos hecho “bien” estoy convencida de que ¡la incertidumbre le reconcome! Él piensa que no hablándolo se reducen las expectativas y por tanto el batacazo posterior posible. Yo, como ya comenté por aquí antes, quiero disfrutar de lo que me va pasando y no trato de minimizarlo. Si algún día duele, ya veré qué mecanismos de defensa me busco. Hasta entonces, quedo a la espera del siguiente test: aixxxxxx.

Lo demás me da un poco-mucho igual

bus

Y es lo cierto.

Llevo ya algunas semanas yendo a trabajar con cero ganas; me pillo a mí misma caminando hacia la puerta del curro y diciéndome por dentro “no quiero ir, no quiero ir”.

Y la cosa es que a pesar de que no se trata ya más del trabajo en el que quiero invertir mis horas, mi alma y mi corazón, no está nada mal. Me proporciona unas buenas condiciones en muchos aspectos y me siento muy agradecida por ello pero… ¡no quiero ir!

Desde que empezamos con todo el tema de buscar un bebé, me he ido enfrascando cada vez más en lecturas varias sobre maternidad, la creación de este blog y el seguimiento de tantos otros y etc. etc., que me da hasta la sensación a veces de que estoy desarrollando el instinto maternal y despertando al reloj biológico tan rápido como nulos los había sentido hasta hace tres meses.

Sin embargo, ¡no nos equivoquemos! A pesar de tener un montón de bebés ahora mismo en mi entorno, no son esas pequeñas joyitas de mis amigas las que me hacen estar así; es más bien el deseo de tener lo mío propio; de construir mi propia familia.

En mis largos trayectos hasta el trabajo, leo y leo y vuelvo a leer en mi pequeña pantalla de móvil con tanta felicidad que no deseo llegar jamás. Me gustaría que ese bus tuviera un trayecto infinito hasta que a mí me salga el buscado positivo.

Todo lo demás simplemente ha pasado a un segundo término. Ahora es así y está bien. Me alegro mucho de haberme dado cuenta para poder disfrutar de este tiempo con toda la conciencia.

¡Test de ovulación positivo!

Blog_kite_surf Nostálgica por la vuelta a casa. Me encanta ir al revés de la marabunta. Cuando todo el mundo empieza su Semana Santa oficial, privilegiados nosotros regresamos del paraíso montañil. La imagen de más arriba corresponde a todas las cometas de la gente que vimos haciendo kitesurf en la playa o, poniéndome más literaria, es una metáfora de todos los espermatozoides dirigiéndose con éxito (¿o acaso hay otra opción?) hacia mi preciado óvulo. El test de ovulación, que ayer ya apuntaba maneras, ha dado positivo este mediodía (día 15 de mi ciclo). Según las instrucciones de Liberty Test, eso significa que en las próximas 24-48 horas se liberará el óvulo que deambulará fértilizable y coleando unas doce/veinticuatro horas. Todo ello significa… que hay que tener relaciones sí o sí durante este tiempo y sin demorarse demasiado. Hasta ahora hemos venindo aplicando la regla del día sí día no para tener siempre espermatozoides disponibles por la zona.Todo ello en la sexy week. Éste es nuestro tercer intento y repasando incansablemente (que no obsesivamente) la aplicación de WomanLog encuentro diversos “fallos” a las veces anteriores: que si demasiado lejos del día D, que si demasiado cerca del día y lo hemos dejado escapar… Esta vez confluyen muchos factores (relax, vacaciones, montaña, semana fértil) y el inevitable “a la tercera va la vencida”. Así que, navegando en un difícil equilibrio entre la salud mental y la obsesión-compulsión (es broma, todavía) me retiro ¡que tengo vida que crear!